Mi presentación como Sacerdotisa

La vida me había llevado a retomar mi camino como Sanadora cuando menos lo esperaba, con resultados maravillosos para mí y las personas a las que atendía. Así llegaron también la astrología china, el feng shui  y la guía a otros. Con las que también había y hay resultados trascendentales. Llevaba años en eso, en la paz y la alegría de servir. Atendía pacientes, daba clases, dictaba talleres y programas.

Casi una década después de “haber vuelto a mi camino”, vino otra vez la enfermedad. A poco más de un año de una segunda migración a un nuevo País, me enfermé al punto de estar dos meses en cama sin poderme levantar, pasé por situaciones muy complejas. Desde el inicio de inmediato traté de ver qué no estaba haciendo, si me había desviado de mi camino o qué había dejado de hacer.

En esta ocasión no caí en el juicio al Cielo, si no a mí. Me preguntaba: ¿qué ocurre, qué no estoy viendo, que no estoy haciendo ahora, por qué esta enfermedad? tenía pavor de ver mi mapa carta de natal o mapa energético como le llamamos nosotros.  Para mí era claro que había algo que no estaba haciendo, habíamos iniciado la Era del Fenix. Una era donde la protagonista es la mujer, una era de preparación para la era espiritual, y era de los Shamanes, Magos y Magas, Brujos y Brujas; y Sacerdotes y Sacerdotisas. Era la primera temporada de eclipses del año.

Sabiendo todo eso, mi condición humana me llevó a juzgarme, reclamándome lo que no estaba viendo, lo que no estaba haciendo bien. Observaba mi vida notaba que no había dejado de cumplir mi misión como sanadora.

Los Dolores eran muy fuertes y tenía pavor de ver mi mapa energético o carta de nacimiento, como le llama occidente. No quería ver algo que no hiciera sentir bien.

Busqué ayuda de mis hermanos y hermanas de camino, de vida. Maestros y Sanadores con los que contacté en el camino. Pero no llegaba lo que mi interior buscaba. Mi instinto me decía que no era por esos caminos. 

Algunos me juzgaron por “creer que me las sabía todas», «por mi falta de humildad”, al sentir que no me ofrecían lo que mi alma necesitaba en ese momento. Pero cuando uno está en comunión consigo, cuando siempre sigue su sabiduría interior, aún en los procesos más dolorosos, sabes cuándo lo que te muestran tiene o no que ver contigo. Podría escribir un libro respecto a muchas de esas experiencias en mi vida, donde siempre hice caso a mi interior, y el tiempo luego me daba la razón.

En una meditación, en medio del proceso, vi a la persona indicada. Un hermano, amigo y colega que al igual que yo es terapeuta, astrólogo y Shamán, Sacerdote andino para ser más específica. Desde un inicio, apenas hablamos, sentí que él si era el indicado para ayudarme. Mi alma se regocijó en lo que decía y sintió calma, a pesar de que lo que escuchaba no era agradable por mostrarme lo que había dejado de hacer. Fue una hermosa conexión. MI interior me hizo sentir que era el indicado.

Cuando le comenté lo que sentía, no solo en el cuerpo si no las búsquedas sin respuestas,  todo se fue aclarando y pude ver lo que no había visto antes de que llegara la enfermedad. Entre otras cosas, estaba ejerciendo en algunas  de mis funciones de este camino, pero no en todos, y aquella que me representa por linaje, ascendencia y legado, estaba a un lado; la Shamana, la Sacerdotisa. También había dejado de lado en muchos aspectos, a la mujer. Mi vida en los últimos años se había centrado en ser Sanadora y Madre, pero muchos otros aspectos de mí, no se estaban realizando. Además, hacía mucho tiempo que me había peleado con el Padre superior (El Cielo, Dios) y no me había dado cuenta, pensé que ya lo había arreglado en el pasado, pero allí seguía eso que en algún momento de la vida, me marcó. Así que tocó, trabajar, ocuparse, ver, sanar, trascender.  

Mi amigo me recordó que estaba retrasando mi ascenso, mi vuelo, y ya era hora de volver. Me dediqué a hacer lo que debía para restablecer la buena salud con las caligrafías, las meditaciones, el qi gong, los tratamientos, en lo posible la dieta y, comencé a retomar todo lo que implica fungir como Shamana y  Sacerdotisa.

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Pasados los días, en el momento indicado desde lo astrológico y energético, fui presentada como Sacerdotisa, por ese hermano y colega. En una ceremonia privada, con su vestimenta típica e instrumentos rituálicos y los símbolos de mi pueblo en mí,  se dio eso que había quedado pendiente con mi abuelo, en el pasado.

El viento nos habló a ambos al mismo tiempo, el en Perú y yo en USA, pero unidos por la energía, por la ancestralidad, por el universo; para ese momento sagrado y trascendental. Pudimos sentir lo mismo al mismo tiempo. Eso pasa cuando estás conectado a la energía. 

Las señales del Cielo que esperábamos como ratificación, también llegaron después y seguían apareciendo cada vez que eran necesarias para reafirmar que habíamos sido escuchados y que mi presentación había sido recibida.

Bendigo la vida de mi hermano y colega por haberme mostrado lo que no podía ver sola, porque tenía miedo. Bendigo su misión y agradezco su presencia en mi vida, como la de todas mis hermanas y hermanos de vida con los cuáles comparto este camino.

 Dos meses luego de eso, tuve el valor de ver vi mi mapa (carta) sin problemas. Estudie los ciclos pasados y futuros más cercanos y ratifiqué y comprendí lo vivido en los mimos, y lo que debía retomar y mantener en ellos. Fui solo a los ciclos cercanos.

En la tradición se dice que no puedes guiar a otros por un camino que no has transitado. Quien los transitó, es un Maestro y puede guiar a los otros, es autoridad por trascender e incorporar lo vivido. Tampoco es maestro el que más estudia, es aquel que practica todos los días.

Ahora me corresponde guiar no solo a pacientes y Sanadores, si no a todas aquellas personas que deben volver a su camino en el Sacerdocio, especialmente a las mujeres, a las madres, a las Shamanas y Sacerdotisas. A todas las mujeres que no se están realizando. Ya llevaba años trabajando con mujeres, pero ahora debo enfocarme en aquellas que les toca guiar, en esta era de Fenix. Tienen, tenemos una gran misión, como preparación a la era espiritual.

En este momento tan importante, me corresponde preparar, presentar y guiar a esas mujeres que deben volver a este camino. Así, además de todo lo hago cumplo con mi rol de mi legado personal y el que me corresponde como Clan de Shamanes.