Mi vuelta a la Medicina Ancestral como Sanadora

Pasé por procesos muy dolorosos y difíciles, de los que  no todos salen vivos. 

Cuando tenía 25 años me hice por primera vez acupuntura. La persona que me atendió se convirtió luego en mi primera mentora en la medicina china. En la primera sesión me dijo que venía de un clan de sanadores y magos (no le había hablado de mí ni de mi abuelo) y luego, me dijo que ya era hora de volver a mi camino. No lo hice en ese momento.

Los conflictos iniciaron cuando tenía 28 años en el cumplimiento de mi labor como periodista. Nunca fui una periodista que trabajara por fama y premios, aunque los obtuve sin buscarlo. Mi trabajo quería propiciar bienestar para la gente, para mi pueblo. 

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Viví persecuciones, hostigamientos y amedrentamiento durante 5 años. Como no me detuve, llegó algo más fuerte. En mi primer embarazo, viví otra persecución y hostigamiento. Producto del estrés,  los dolores de parte iniciaron cuando tenía menos de 30 semanas. Pasé 5 días en el hospital con las piernas levantadas para evitar que mi hijo naciera antes, mientras le maduraban los pulmones, en condiciones extremas e inhumanas.

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A la semana de nacido, mi hijo terminó otra vez en emergencia pediátrica, lo internaron y casi lo matan. Gracias a que el Cielo es muy grande, colocó a gente de alma hermosa que apoyaran; eso y los conocimientos que teníamos, le salvó. El Cielo obró milagrosamente. Desde el primer mes, le hicimos acupuntura. Inicialmente los médicos nos dijeron que por su extrema prematuridad, iba a tener muchas situaciones y posiblemente sería asmático o tendría afectaciones neurológicas. Mi hijo no tiene nada de eso.

Agradezco a mi primera mentora que le hizo acupuntura, a su pediatra, fue un regalo maravilloso el Cielo. Dos en realidad, porque una amiga pediatra también le vigiló desde que nació y lo sigue haciendo en la distancia.

Dos años después, llegó la enfermedad en mi vida, de forma muy delicada. Tuve un  accidente cerebro vascular. Cuando sentí los síntomas mi esposo me hizo acupuntura de emergencia, y luego me llevó donde el maestro de nuestra escuela, quien me trató durante 3 días seguidos. Luego de eso fui al neurólogo con el que me veía, quien no creyó que me había dado un ACV. En ese momento me hicieron resonancia y tomografía de emergencia y el doctor no podía creer que yo estuviese así de bien, para la lesión que tenía en el cerebro. Me mandó tratamiento y me dijo: «sigue haciéndote tu acupuntura».

Me controlaba mensualmente, pero solo me trataba con acupuntura porque la medicación no me hacía bien. En menos de un año, ya estaba recuperada en un 99% según la medicina occidental. 

Hasta , que mi hijo se adelantó, no tenía una visión oscura de la vida. Pero desde ese momento, seguido a la lesión en el cerebro, cada vez que algo “injusto” me pasaba, llegaba el juicio, el juicio hacia la vida, hacia Dios, hacia el Cielo. No podía entender dónde estaba la justicia y la bondad divina con mi inocente hijo, conmigo. Con alguien como yo, que siempre hacía bien, que no dañaba a nadie, que no tenía malas intenciones en nada ni con nadie y que siempre había servido a los otros sin ningún tipo de interés. Eso cambiaría luego, cuando estudié medicina china.

Comencé a estudiar medicina china en medio de esos procesos. Siempre cuento que en mi primera clase, en mi País, salí llorando porque era un teatro de un abuelo chino Shamán; enseñándole a su nieto. Me vi reflejada de inmediato en esa escena y recordé a mi abuelo, sus enseñanzas y todo lo vivido con él. No era solo la forma, era escuchar en ese abuelo exactamente todo lo que mi abuelo me había enseñado. Y apenas era la primera clase. Allí, comenzaron las juicios hacia mí.

El impacto fue tal, que tuve que hablar con el maestro de la escuela, porque comencé a juzgarme con mucha fuerza por «darme cuenta» de que todo lo que me estaban enseñando y que yo me había alejado de ese camino.  

La conversación con el maestro me ayudó y me hizo ver que no debía juzgarme ni reprocharme, si no agradecer que ya estaba volviendo al camino, que todo lo vivido me había llevado a ese retorno, con más recursos.

Desde un inicio, a diferencia de nuestros compañeros de estudios; el maestro nos indicó y permitió tratar con acupuntura. A nosotros nos extrañó porque no se le permitía a los estudiantes hasta terminar los estudios, pero él dijo que estaba lista para ello. Nos mandó a tratarnos a nosotros y a nuestro hijo. Luego de hacerlo, pasamos con familiares y amigos. Ciertamente, ya estábamos listos, pero cuando el Maestro nos lo dijo, no nos lo creíamos.

Tiempo después del evento neurológico, con una medicina que me mandaron, desarrollé una gastritis medicamentosa, que no me permitía tomar ni agua. Soy de las personas que no puede tomar medicina, por eso cuando lo he necesitado, me inyectaban. Esa vez me dijeron que tenía que ser tomada y afectó mucho el estómago.

Duré 3 meses sin poder comer, casi muero por no poder ingerir alimentos, perdí mucho peso y me llegué a despedir de mi hijo y mi esposo. Una amiga médico, que también estudió medicina china y es homeópata me dijo: “si te vas a morir es por disposición del Cielo, pero si de mí depende no”. Iba todos los días a colocarme suero, a ella, al maestro y a mi esposo, le debo mi vida. En medio del suero diario, el tratamiento de acupuntura, iba comiendo a veces una cuchara de comida cada hora, así fue hasta recuperarme. Había quedado muy débil, pero me recuperé 6 meses después. 

En medio de eso, vino mi segundo embarazo. Por la condición física en la que me encontraba, la niña estaba en riesgo. Lloré mucho al pensar que podía perderla y sentí que el Cielo estaba siendo injusto. Nuevamente hablé con el maestro, que se había vuelto amigo en medio de todo ese tiempo y procesos. Entre otras cosas; me dijo: “si el destino del bebé es vivir 3 meses tu vientre, no puedes hacer nada para evitarlo. Eres muy soberbia”.

Me indigné con sus palabras y le recordé que toda mi vida había servido sin esperar nada a cambio, a lo que respondió: “sí eres muy humilde y noble con tus hermanos humanos, pero crees que el Dios, el Cielo, se equivoca en sus planes, crees que tú lo harías mejor que él”. Esas palabras me impactaron y cambiaron por completo.

Nunca me había visto así, y ciertamente mi interior se aclaró y resonó mucho con lo que había dicho. Era tal cual como lo decía el maestro. Fue una especie de iluminación qeu tocó mi alma y le dio calma por completo. Tiempo después cuando estudié astrología china, entendería mucho más esas palabras del Maestro.

El embarazo fue muy difícil, puso a prueba mi fe, mis fuerzas, mis miedos, por segunda vez. Pero lo vivía en la consciencia de lo que ya sabía, de lo que había recordado de mi abuelo y la escuela de medicina china.

Siempre le hablé a mis hijos en el vientre, siempre les guiaba, antes de nacer y les explicaba lo que podían estar sintiendo.

En medio de esas circunstancias y por otra situación de riesgo debido a mi labor profesional de ese momento, llegó la migración a nuestras vidas. Salimos del País, y al poco tiempo de haber llegado a la nación que nos recibiría, nos estafaron.

Eso complicó la situación, además del embarazo delicado, mi primer hijo pequeño, llegar a un País que no estaba acostumbrado a recibir migrantes y legalmente había mucho desconocimiento, y muchas cosas más. Fueron situaciones muy duras en temas de salud, seguridad y finanzas. Nuevamente la medicina china, el alma de personas hermosas locales y migrantes,  y la guía del nuevo maestro de la escuela (estudiamos en es una escuela internacional y tenía sede a donde habíamos llegado), nos salvaron la vida. El Cielo obra de forma misteriosa.

Todo lo vivido, me llevó a no tener más opción que retomar por completo el camino que me tocaba. Y fue lo mejor. Claro que luego han venido otras situaciones, porque siempre toca crecer. En el Shamanismo se cree que hay dos caminos para el Shamán. Cuando naces en ese mundo y permaneces en tu camino y todo fluye para que sigas; y cuando te alejas del camino. Cuando eso ocurre, la complejidad y enfermedad se presentan para que te reencuentres y puedas volver. Luego, cada vez que asciendas en niveles, también pueden venir situaciones. ¿Cuál es la diferencia?, el manejo que le das, la manera de abordarlas, desde el entendimiento del universo, de las fuerzas, de la naturaleza, del equilibrio.

Mis estudios de medicina china, se complementaron con los de astrología china y feng shui. Soy tan afortunada por ello, porque gracias a eso, el tratamiento a quienes se tratan contigo es completo. El abuelo inicialmente me formó e inició, los estudios completaron y ratificaron esa sabiduría de mi Clan, de mi vida, de mi camino. Desde allí he tratado y guiado, trato y guío a quienes se vuelven pacientes, estudiantes, amigos y familia.

Me corresponde guiar  mis hijos y a otras personas, en ese camino. Me corresponde guiar a maestras y maestros, de esta y otras sabidurías. “El Sanador se sana sanando”, “no es el enfermo el que necesita al sanador, también es viceversa”, “no es el Maestro el que elige a su sucesor, es el estudiante el que elige al Maestro” son algunas las frases que te recuerda día a día esta sabiduría milenaria. Somos servidores del universo, del Cielo, de Dios, de como quieras llamar a esa fuerza superior que nos creó con el mayor amor, que nos cuida y recuerda que todo debe darse en equilibrio y armonía.

Podría decirte mucho más de la vivencia de cada día, porque cada uno era como una centena. Días que me enseñaron a contemplar, aprender y trascender mucho en el día a día. Las líneas no alcanzan para hablar la experiencia y el aprendizaje de toda una vida. Por eso hablo más de mi experiencia en los cursos, programas y talleres, cada vez que se pueda.

En la tradición se dice que no puedes a guiar a otros por un camino que no has transitado. Los Maestros son aquellos que pasan y trascienden situaciones muy complejas. Cuando las trasciendes y has aprendido, estás listo para guiar a otros.