Equinoccio de Primavera

Venimos del invierno, el momento de mayor oscuridad, momento de recojo, de introspección. A diferencia de los solsticios, el equinoccio nos recuerda, que la el día y la noche tienen la misma duración; que la luz y la oscuridad, en este día, están en completo equilibrio (en cuanto a duración). En el invierno el día es más corto, en el verano, es más largo. En el equinoccio, ambos duran lo mismo.

El equinoccio nos recuerda que nuestra existencia depende del equilibrio, en medio de TODO el movimiento de luz, es importante que no todo sea de mucho recojo ni de mucha expansión. No podemos vivir en sólo en introspección toda la vida, ni sin ella, porque se acabaría la vida, y para que no ocurra, el equilibrio es clave.

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Al igual que los solsticios, los equinoccios, marcan el inicio y el fin de algo. Ha llegado el momento de que el recojo y la introspección se vaya, de que La semilla que cuidamos durante el invierno, comience a dar su brote. De que muera aquello que no debe seguir y, que renazca aquello que debe crecer. Por eso, las antiguas civilizaciones (de Asia, América, Europa…) asociaban al equinoccio de la primavera con el comienzo de la época de la fertilidad.

En estos pueblos ancestrales, el invierno, al igual que la luna nueva, se asocian a la muerte, pero no se refiere explícitamente a la muerte física . Al igual que las fases de la luna (vista así por los mayas y celtas), la oscuridad es muerte para volver a renacer, y RE-NACER, diferente, distinto: diferente mejor. Y este equinoccio, marca ese renacer.

Por eso, la introspección durante el pasado invierno era fundamental, para que cuando nos tocara renacer en este momento con el inicio de la primavera, lo hiciéramos mejor. Porque veremos de poco en poco, el fruto de ese invierno vivido.

El equinoccio de primavera pone fin a lo más oscuro que hay en la tierra y en nosotros, y marca el inicio de la doncella primaveral, fértil, alegre, soñadora, que fluye adecuadamente con las circunstancias, sin romperse en ella, que disfruta de la vida y de sus frutos, y que da frutos.

Este día es propicio para intencionar en las meditaciones, oraciones, rituales; todo aquello que queremos que florezca y se expanda, para que comiencen a crecer. Antes, por su puesto intenciona que muera todo aquello que no debe continuar creciendo (debemos tenerlo claro si vivimos la introspección en el invierno). Aporta los colores, los olores, los sabores de la primavera y la luz, que le acompaña y se expandirá con fuerza para que luego venga el verano. Danza, en este ritual, porque la primavera tiene mucho movimiento.

Si sientes que las cosas no están fluyendo armoniosamente hoy o «estos días», si te «han mandando a estar tranquilo y recogido», revisa si viviste el invierno adecuadamente, si hiciste introspección, si diste muerte a aquello que no debe proseguir. Quizás no pudiste (o no quisiste) hacer introspección, y te están ayudando a que vivas tu invierno, para que permitas florecer sólo aquello que debería en tu vida, en tu camino. Aquello que te permita vivir una primavera armoniosa y no una tempestuosa.

No es el momento de preguntarnos ¿Qué semilla germinara en mí? es el momento de preguntarnos ¿Qué semilla quiero que germine? en realidad, era la pregunta durante el invierno, y queda poco tiempo para decidirlo, aprovechemos este equinoccio. Éxitos en ello y feliz equinoccio de primavera.

Idúwali Nali.

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