Los pueblos aborígenes europeos, antes de ser doblegados por del imperio romano, tenían una fuerte creencia y respeto en Diosas y en la energía femenina. Lo mismo ocurría con la mayoría de los pueblos aborígenes americanos, antes de la conquista.

Los antiguos celtas Creían en las poderosas Damas Blancas. En las diosas lunares responsables de la existencia, la sanación, de la vida y de la muerte, entre muchas otras. Diosas unas y trinas al mismo tiempo; una trilogía que representaba a una madre joven, adulta y anciana, con características únicas atribuidas a cada una, quienes, junto al sol, eran las garantes de la existencia de todas las cosas; junto a sus compañeros masculinos. También estaban las damas oscuras, igualmente responsables de la fertilidad, la vida y la muerte, la cara negra de las Diosas Blancas, con roles tan importantes como las de ellas.
Para los celtas, había una Diosa de la cosecha y un Dios de la cosecha, una Señora del Sol y un Señor del sol, una diosa de la guerra y un Dios de la guerra, y así en todos y cada de los aspectos de la vida. La dualidad y los 3 niveles están presentes en la cosmovisión Celta como el origen y el equilibrio armonioso de la existencia.
No era el hombre y los dioses más importantes que la mujer, la mujer y las Diosas eran tan importante como ellos. Incluso, se les daba quizás más respeto que a la figura masculina. El Sol no es más importante que la Luna, ni la luna más que el Sol, pues la garantía de vida depende de ambos y esto lo tenían muy claro los celtas.
Los antiguos druidas o maestros de la verdad, Shamanes; como les llaman ahora, magos o filósofos (como les llamaron los greco-romanos), se habían dedicado a observar y comprender al universo. Producto de eso salieron calendarios que desde hace poco tiempo la ciencia reconoce como avanzados y acertados, como siempre, la ciencia “descubre” tarde lo que los pueblos ancestrales saben desde hace más de 3 mil años.
Los druidas por cierto, no eran sólo hombres, habían mujeres poderosas, guerreras, magas, a quien Plinio “El viejo” describió como fuertes, salvajes, peligrosas y brujas. Nunca sabremos si estaba sorprendido por la fuerza y el poder de estas, o por la necesidad de minimizar su rol con el fin de ser tratadas como las mujeres griegas y romanas, que para ese entonces no eran valoradas por sus pueblos, como los celtas valoraban a sus féminas; pues las griegas eran vista como propiedad y el destino de las romanas, generalmente lo decidían sus esposos o hijos.
Mientras las féminas de uno de los “grandes imperios” de la historia, cuna del occidentalismo, eran tratadas de esa forma; a las mujeres celtas se les veía como Diosas responsables de la vida y la existencia, Las custodias de los ríos, lagos y pozos sanadores, eran mujeres guerreras portadoras de vida, de sanación, de la muerte.
Por conveniencia de “un imperio” (realmente eran unas pocos personas que con ambiciones de poder) que fue “conquistando” pueblos, la mujer quedó relegada a un pésimo lugar, donde las mujeres griegas y romanas de clase alta, eran privilegiadas en comparación con aquellas que no lo eran, sim embargo, estás eran tratadas como objeto. Las demás como esclavas, prostitutas, o peor.
Los griegos y los romanos, trataron de asimilar las deidades celtas a las de ellos, para convencer a “sus conquistados” que eran los mismos, y así doblegarles más fácilmente. Pero en valor, no tenían nada que ver con la cosmovisión celta. No fueron los únicos, pues lo mismo hicieron luego las coronas que hoy conocemos.
Rescatemos en cada uno de nosotros la energía femenina con su sacralidad y poder, con su importancia vital para la existencia de todo lo que conocemos. Y esto, no tiene nada que ver con el feminismo, pues el mismo es una antítesis de lo que representa la feminidad.
Iduwali Nali.
