Los movimientos astrológicos de este año, desde un inicio, nos llevaban a un viaje introspectivo que nos permitiría renacer como seres nuevos. No estoy hablando de reencarnación, estoy hablando de soltar todo aquello no nos permite avanzar. Aquello que no nos permite ir hacia algo mejor en la vida, hacia lo mejor de nosotros mismos.

Todo este año nos ha mostrado las relaciones, acuerdos, promesas, sociedades, situaciones y procesos que debemos soltar. Soltar lo que no nos permite contactar con lo que realmente somos y con lo que realmente queremos hacer. Eso incluye soltarnos a nosotros también, a ese viejo yo que se resiste al cambio, por motivaciones, temores, miedos o dolores que no nos permiten soltar lo que nos daña, porque no lo queremos ver. Es entendible, porque verlo, a veces es muy doloroso.
Este año se encargó de mostrarnos aquello que en los últimos 10 y en algunos casos, 20 años; habíamos normalizado. Aceptamos muchas cosas como normales, pero no significa que lo sean. Cuando normalizamos lo que nos daña, lo que nos impide avanzar, lo que nos impide crecer, lo que nos impide estar mejor, pasado el tiempo nos acostumbramos a ello, y no queremos salir de allí, porque es más cómodo quedarse que dar el cambio. Porque el cambio, puede asustar más, por ser nuevo.
Por eso este año, era muy difícil avanzar si no estabas en tu camino, y/o en la etapa del camino que te corresponde, que nos corresponde. Era como un nadar contra corriente, así lo sentían la mayoría de las personas que se consultó y habló conmigo hasta hace poco. Para mí era más que entendible, porque como siempre he dicho: no podemos ir contra los gobiernos energéticos.
La energía del año nos llevaba hasta este momento a ver, para saber que teníamos que soltar y por su puesto, a soltarlo. Avanzar cargando con lo mismo, no está favorecido por este año. Muchos podrán decir: «pues yo si he avanzado». Yo podría preguntar: ¿a qué costo y a dónde te llevó?. Nadar contra corriente solo genera agotamiento extenuante, y a veces, hasta la muerte. Es mejor, ajustar las velas.
Luego del último eclipse, con la última luna llena y el inicio de mes de Perro de fuego, ya llegó el momento de Accionar, llegó el momento de moverse. ¿Desde dónde? desde donde nos perdimos en el camino?. ¿Hacia dónde?, hacia donde siempre debimos ir, a nuestro propósito, a nuestra misión. No a lo que nos han hecho creer nuestros condicionamientos, hacia el propósito que nuestro espíritu y almas tienen claro. Ellas guardan la información desde el momento en el que nos formamos en le vientre de nuestra madre, de nuestra misión vida, de nuestro paso por este plano.
Justamente el Perro es el que tiene la fuerza de volver al camino, en el momento y espacio exacto en el que se perdió. Un perro afinado nunca pierde su olfato y sabe a donde debe ir, pero cuando se desafina, pierde el instinto y se desvía del camino, se pierde aullándole a la luna y confunde esa luz que le inspira con una que le ciega. Pero cuando vuelve a sí, sabe exactamente donde fue que se perdió, y vuelve a esa parte del camino para continuar el viaje adecuado. Es una de las tantas cosas que viene a mostrarnos, pero primero lo vive él.
Por esa misma circunstancia, cuando se ve perdido y no lo sabe, entra en ansiedad, sus sistema nervioso se dispara y vive en estado de alerta, cualquier cosa le impresiona y asusta. Sus emociones le juegan en contra porque no sabe manejarlas, y sólo cuando vuelve a su camino, vuelve la calma y la confianza. En ese momento, su Maestro de corazón sabe que ya todo está bien. Y entonces, ese Perro que se perdió al ser domesticado y volverse servil, se transforma en el Lobo que siempre fue, pero que no veía en medio de la niebla de sus emociones.
Es hora de volver al camino, sin culpas, sin lamentos, siendo sabios. Es hora de volver a ser lobos.
Las predicciones de cada animal del horóscopo, lo tienes en el Instagram. Mira tus energías para tener más claridad de qué hacer este mes.
Idúwali Nali.
