¿Por qué haces caso a los juicios que te dañan? Ponle un alto.

¿Hasta cuándo vas a seguir en esa situación?, ¡pon de tu parte, hay gente que está peor!, ¿no te das cuenta que te estas dañando y estas dañando a todos los que tienes a tu alrededor?

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¿Cuántas veces has escuchado esto? ¿Cuántas veces te lo han dicho? ¿Cuántas veces lo has dicho tú?

Maximizar o minimizar el sentir del otro es uno de los juicios más grandes que hemos adoptado como sociedad. Decir que alguien está peor que tú y que no lo ve, puede ayudar mucho si conocemos los recursos del otro, pero también puede hundirlo para siempre, si no conocemos los recursos que tiene para recibir esa información y manejar lo que le está pasando.

No somos iguales, no necesitamos igualdad, porque somos completamente distintos y bajo ese concepto ideológico de «igualdad» que algunos utilizan con la intención de ayudar,  otros han causado mucho daño.

Lo más parecido a lo que necesitamos, quizás, sería la equidad. Sin embargo, habría que redefinir el concepto. Sería mucho más fácil si todos nos respetáramos. Si respetáramos el pensar del otro, si respetáramos el sentir del otro, el actuar del otro, el proceso evolutivo del otro, de los otros; como nos gustaría que lo hicieran con nosotros.

Un conejo no puede nadar como lo hace un pez, un elefante no puede trepar y saltar como lo hace un mono, una tortuga no puede correr como lo hace un caballo. Pero el pez no puede saltar como el conejo, el mono no puede arrancar un árbol como un elefante, un tigre no tiene la visión ultra detallista de la tortuga. Cada uno tiene sus limitaciones y sus grandes virtudes, son animales, pero son distintos, con grandes posibilidades y limitaciones. Y desde sus diferencias, hacen algo grande que aporta en el ciclo de vida, del que todos dependemos.

Lo mismo ocurre con nosotros, los seres humanos pertenecemos a la misma especie, pero no somos iguales. Cada persona tiene limitaciones y grandes potencialidades: emotivas, actitudinales, aptitudinales, energéticas y más, no somos iguales y nos daña pensar que lo somos. Nos dañan, nos dañamos, porque nos han hecho creer que todos somos iguales, valemos igual, pero no somos iguales.

Como no somos iguales, no tenemos los mismos recursos para manejar las mismas situaciones. Todos tenemos recursos para manejar aquello que la vida nos presenta, pero no para manejarlos de la misma manera que mi amigo, mi vecino, mi mamá, mi hermano, mi pareja.

Cuando nos comparamos con los otros, nos dañamos. Cuando nos comparan con otros, nos dañan, cuando comparamos, dañamos. Las comparaciones y los juicios deberían dejar de ser parte de nuestra cotidianidad.

Deberíamos entrar en la práctica en la que entran los buenos padres que tienen varios hijos. Ellos saben que sus hijos no son iguales, y por lo tanto la manera de guiarles será distinta, habrá cosas comunes, que como clan estarán presentes y fundamentales, “valores” irrenunciables; pero saben que el sentir y el pensar son distintos, y por eso al tomar una decisión o al corregirles algo, lo hacen desde esa premisa.

 Los buenos padres saben que no pueden minimizar el sentir de sus hijos porque le harán un daño irreparable, como también saben que hay emociones que no pueden maximizar, porque le harán el mismo daño o uno mayor.  Dan a cada hijo, lo que sabe que necesita cada uno, sin compararle con el otro, sin menospreciar su sentir o su pensar, porque saben que son dos personas diferentes.

Que distinto sería, si todos entráramos en esa sintonía, recordar que así como los animales, somos de una misma especie: humanos. Pero somos completamente distintos en sentir, en pensar, en hacer, en los recursos, las posibilidades, las limitaciones que tenemos para manejar las situaciones, las emociones. Si eso lo tenemos presente, dañaríamos menos, nos dañaríamos menos, y tendríamos una realidad mejor.

A partir de ahora cuando alguien te juzgue diciéndote que no pones de tu parte, sin caer en victimización, dile a tu mente, a tu alma, a tu espíritu: “Tranquilo, es su percepción, no tiene por qué ser así como él dice. Respira, cálmate, medita y encuentra dentro de ti la respuesta emocional que debes darle a lo que estás viviendo, porque sólo tú sabes lo que estás sintiendo, cómo te está afectando, y lo que puedes hacer para solucionarlo”. Y encuentra la respuesta, dale un giro sin dañarte y sin permitir que otros te dañen con su comentario.

Recuerda que dando un buen manejo, sales de la situación, sanas y nos ayudas a todos los demás a hacerlo, porque cuando uno lo logra, es un impulso energético para que el otro lo logre también. Si todos entráramos en esa humildad de entender que no tenemos por qué tener la razón respecto al otro, tendríamos otra humanidad, realmente humana.

Si lo entendiéramos, obraríamos distinto, porque el otro no siente como yo. Si nos quitáramos la soberbia de juzgar al otro creyéndolo tonto o incapaz, si dejáramos de dañarnos y de dañar, no tomando en cuenta el sentir del otro,  tendríamos una humanidad distinta, una realidad distinta. La buena noticia, es que ahora lo sabemos, y podemos comenzar a hacerlo.

Iduwali nali.

1 comentario en “¿Por qué haces caso a los juicios que te dañan? Ponle un alto.”

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