Sana a tu niño interior para que tu presente sea de felicidad y plenitud. Trasciende la cadena que te ata.

He conocido personas que tienen 70 años, y su vida es dolorosa (desde su sentir), presentan altibajos en su salud tanto, orgánica como emotiva. Es difícil que al inicio, te cuenten lo que les pasa, unos son más abiertos que otros. Pero las energías hablan por sí solas, puedes sentir desde el inicio (en unos más que en otros) mucha pena, mucha tristeza, mucha frustración.

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La mayoría de ellas no tiene consciencia de que el origen de todo radica en su niñez. En la experiencia que tuvieron con sus padres, con sus familiares, con el núcleo más importante para ellos en esa etapa. Y es tan importante sanar de una vez por todas esas “heridas”, todas esas experiencias; para no continuar la cadena de pena en su vida y sus descendientes.

Muchos de los padres y madres que abandonan a sus hijos, fueron niños abandonados. Y no me refiero sólo al abandono físico. Muchos, viviendo con sus padres, nunca tuvieron atención de ellos; nunca se sintieron importantes para su papá, para su mamá, o para ambos. Por lo tanto, tienen esa información de abandono, ni si quiera saben que su alma sigue sufriendo por ello.

Muchas de las parejas que no quieren separarse, aun estando en una relación muy dañina; no se separan porque no quieren sentirse abandonados, como cuando les abandonaron de niños. Otras, se separan sin razones de peso, porque vienen de familias separadas.

Una niña abandonada, que no sana la experiencia, será una mujer que no querrá sentirse abandonada por nadie: ni por su pareja, ni por sus hijos; apegándose a situaciones que no le harán bien. Algunas, incluso pueden hacer lo contrario, abandonar a sus hijos y a quienes le amán y hacen bien.

Un niño abandonado será un hombre que abandonará a sus hijos, como lo hicieron con él. O Puede incluso ser un hombre que no quiera sentirse abandonado y se aferre a una relación en la que no se siente feliz.

El abandono no es la única herida de la niñez, hay muchas otras, como el maltrato físico y emocional, y por lo tanto en la etapa de adulto, será luego un maltratador o maltratado.

La carencia, incluso en adultos, se presenta en personas que nunca están agradecidas o satisfechas con lo que tienen, o por el contrario, no se sienten merecedores de más, o de algo mejor.

La lista de heridas en la etapa de la infancia es grande, pero estas son las que habitualmente más sobresalen.

No tienes por qué repetir la historia, no tienes por qué hacerte ni hacer a otros, lo que te hicieron. Esas experiencias pueden ser la herida que marca tu vida y no te permite crecer, no te permite ser sano, feliz y pleno; o pueden ser justamente las experiencias que te ayuden a hacer mejor y a ser mejor.

Corta el ciclo, desprende tu presente (y por ende futuro) de esas situaciones que ya no están en tu vida, porque estarán sólo si tu permites que sigan estando. Mereces estar bien, mereces vivir bien, en felicidad  y plenitud, sano y desprendido de esas situaciones que ya no están en tu vida, que hace años dejaron de estar, es importante que lo hagas consciente, ya no están, ya se fueron, ya creciste.

Suelta todo para que no te dañe, abraza a tu niño interior con todo el amor que merece y que contienes para darle, porque sólo tú puedes dártelo, nadie más. Permítete soltar y crecer, permítete sentirte merecedor y merecedora de una mejor situación, de una mejor vida.

Idúwali nali.

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