¿Soltar o Sostener?

“Se ha vuelto de moda soltar lo que te daña, pero nadie habla de sostener”. Comentarios como éste y más, se pueden encontrar en las redes sociales. Al igual que múltiples artículos que hablan de la importancia de soltar una relación porque te daña, o de mantener una relación como lo hacían los abuelos: porque si no significa facilismo. Todos tienen razón, y al mismo tiempo; están errados.

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Ciertamente hay cosas que debemos soltar. ¿Qué cosas? Las que nos dañan. Debemos soltar la relación “Tóxica” en la que podamos encontrarnos, bien sea de pareja, trabajo, amigos o familiar. Pero cuidado, porque primero tenemos que ver si realmente lo tóxico no tiene nada que ver conmigo, si no está dentro de mí.

La mayoría de las veces; por condicionamiento, soberbia, ignorancia o ceguera; lo que nos daña está dentro de nosotros y no en el otro. Nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras palabras, nuestras convicciones, nuestras acciones, eso nuestro que nos han llevado a esa situación o relación, con algún propósito. Aléjate de ello, pero antes o después suelta todo eso que es tuyo, no del otro, no de la otra.

Eso que es tuyo, tus  pensamientos, tus sentimientos, tus convicciones, tus emociones, tus acciones. Que forman parte de lo que te condujo a estar con esa persona o a estar en esa situación, son las elecciones de tu vida.  Responsabilizar al otro, sólo hace que repitas la historia, una y otra vez, hasta que aprendas que no era el otro, si no tú el que te dañabas, la que te dañabas.

Eso explica porque hay personas que dicen no tener suerte con las parejas, que “ninguna le ha salido buena”, o con el trabajo donde “parecen repetirse” las situaciones: No es castigo, No es prueba, es aprendizaje.

Claro está, que en una cultura de “buenos y malos”, es mejor ser los buenos (como lo menciono en otro escrito). Suelta lo que te daña en lo interno, y lo externo. Pero comienza por lo interno, por esa razón que “no te permite alejarte” de esa persona o situación que te daña. Por esa razón que no te permite acercarte a ti.

Sostén lo que te nutre: el agradecimiento, tus emociones sanas, tus pensamientos positivos, la voluntad de iniciar los cambios que debes dar para gozar de mejores situaciones, para ser mejor cada día. No mejor que el otro, o que los otros, Mejor que tú mismo cada día, mejor que tú misma cada día.

Sostén tus responsabilidades que te hacen crecer (no hablo de las obligaciones por condicionamientos humanos), y suelta las que no te corresponden, porque quien ama, no impide el crecimiento del otro; lo promueve. Y cuando asumes lo que no te corresponde a ti, eso haces. Y quien hace lo que al otro le toca, generalmente deja de hacer lo que le sí le corresponde.

Sostén el amor, el verdadero; en ti y el que sientes por los otros. Sin juicios, sin victimizaciones, sin obligaciones.

Suelta los juicios a los “malos” que no te permiten ver que es lo que tienes dentro de ti, lo que te has querido ver, lo que te has querido creer o lo que te han hecho creer.

Suelta la dependencia emotiva que te hace creer que “mejor mal acompañado que sólo”. Suelta la excusa de “por qué no puede ser diferente” y sostén la voluntad de caminar hacia ello, porque sí puedes.

Suelta la necedad de querer ser como el otro y tener lo que tiene el otro, porque tú no eres ese otro.

Sostén tus virtudes, tus luces, tu camino, el que tu alma te reclama desde hace tiempo, pero no has querido escucharlo porque “no tiene sentido”.

Sé que según las energías de cada uno, algunos prefieren escabullirse con la “excusa· de soltar, y otros prefieren sostener para “no perder la fe o la esperanza”, o porque si no lo hacen “significa que entonces no sería amor por el otro, o por los otros”. Atento con esos conejitos, bueyes y dragones. No tiene por qué ser así.

Lamento no poder decir más, porque ya son muchas líneas y entrar en profundidad nos llevaría  mucho.

Medita. Sólo en el vacío, lejos de todo ruido externo e interno, somos capaces de ver todo lo que realmente contenemos dentro y fuera. Así podremos ir contemplando que es lo que realmente merece la pena soltar, y que vale la pena sostener.

Iduwali Nali.

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